Sueño, vocación y pasión

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Wilder Torres Vigil
Estudiante

A puertas de dar uno de los pasos o, mejor dicho, “saltos” más importantes de mi proceso educativo, he empezado a cuestionar el típico dilema del joven peruano de dieciséis años, dilema que puede mostrarse en la siguiente pregunta: ¿Qué quiero estudiar? Muchas respuestas de equis personas podrían ser: “Lo que te guste” o “lo que te dé un mejor sustento económico”; sin embargo, si una opinión no se acompaña de la otra, serían ideas mediocres.

Fue en medio de esa reflexión donde pude reconocer tres aspectos muy importantes. Algo que en realidad el lector debe tener bien en cuenta, más aún si tiene la edad del que escribe, es lo siguiente: su sueño, su vocación y su pasión. Digo esto porque si uno busca en el fondo de estas tres razones, puede darse cuenta que conforman la base para lo que uno quiere ser profesionalmente. Si se empieza definiendo esos puntos, se entenderá mejor el centro de estas reflexiones.

Así tenemos que vocación significa “llamado”. Por ejemplo, para los que sean muy cer canos a la religión significará que tienen que dedicar su tiempo a Dios por, justamente, ese “llamado”, que es una forma del destino. Esta idea se complementa mucho con la pasión, la cual es ese gusto inexplicable que, por su propio nombre, te genera satisfacción y, lo más importante, te hace realizar bien en lo que estás haciendo. El tercer y último complemento es el sueño, que es esa meta a largo plazo que inspira a hacer méritos para lograr alcanzarla. Normalmente, va apegada a la meta como profesional. Por ejemplo, un joven que tiene el llamado de ayudar a los demás, y le gusta la medicina, le caería bien estudiar esta carrera y tal vez hasta su sueño sea tener un hospital o una clínica para atender a los más necesitados. En esta situación particular, podemos observar todos los aspectos mencionados anteriormente, que se conjugan para desempeñarte de la mejor manera.

Pero cada situación es distinta, pues son varios millones de estudiantes que postulan año tras año a una carrera que no todos logran culminar. Esto puedo explicarlo también en una experiencia personal, tal vez algo más complicada de entender. Centrándonos en un contexto donde nuestros “sueños”, “vocaciones” y “pasiones” se ven amenazados por la crítica de una sociedad –en mi situación: la carrera de música lamentablemente nuestro país ve mi elección muchas veces con ojos de pena; por ese motivo, somos vistos por la sociedad como profesionales que a duras penas logran desarrollarse.

Pude entrar en un conflicto conmigo mismo por lo que me decía la gente que me rodeaba y, opuestamente, por lo que me decía la razón. No paré de preocuparme sino hasta que me di cuenta de que no existe carrera profesional relegada sino subestimada. La seguridad, conocimiento y pensamiento firme de uno mismo es lo que hace que elijamos correctamente lo que queremos ser durante el resto de la vida. En lo personal, creo que una de las muchas cuestiones que hace falta es madurez para saber elegir correctamente una carrera y ser así un buen profesional, donde cada joven haga bien lo que le gusta, porque el progreso solo se logra cumpliendo metas en un ambiente de pasión.