El 85 % de las vías de Lambayeque puede verse afectada por inundaciones. Así lo advierte el Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (Cenepred), que identifica 2955 kilómetros de carreteras y caminos en condición de riesgo frente a lluvias intensas, desbordes y deslizamientos. La cifra no solo es alarmante, pues revela la magnitud de la vulnerabilidad que enfrenta la región en plena temporada de precipitaciones.
Las lluvias de los últimos días han puesto en evidencia esa fragilidad. La carretera Chiclayo–Jaén quedó bloqueada tras un deslizamiento que interrumpió el tránsito interprovincial, dejando varados a transportistas y pasajeros. En la antigua Panamericana norte, a la altura de Túcume, la acumulación de agua convirtió la vía en un tramo intransitable, afectando el traslado de mercancías y el abastecimiento de mercados. A ello se suma la crecida del río La Leche, que mantiene en alerta por el riesgo estructural que enfrenta el puente colgante Incahuasi, vital para la conexión de comunidades.
En Chiclayo, el impacto es visible en calles y avenidas. Sectores como Los Mochicas, Villa del Periodista, Santa Lila y Tres de Octubre registran extensos aniegos que dificultan la movilidad diaria. Las avenidas Las Américas y Balta, arterias principales de la ciudad, presentan acumulación de agua que genera congestión y retrasa actividades comerciales. La afectación no distingue entre zonas periféricas y céntricas: la lluvia golpea por igual, aislando barrios y paralizando áreas estratégicas.
La exposición de la infraestructura no es casual. Gran parte de la red vial atraviesa terrenos bajos, cercanos a ríos o quebradas, donde el agua puede cubrir la superficie, filtrarse en la base y debilitar el suelo.
Cuando no existen sistemas de drenaje eficientes, el pavimento se agrieta, se hunde y termina colapsando. Los deslizamientos y bloqueos son, entonces, una consecuencia previsible.
Carlos León, economista de la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES), sostiene que esta situación responde a limitaciones en gestión e inversión pública. “La interrupción de carreteras limita la movilidad laboral, reduce la productividad y genera mayores costos para el Estado en emergencias y reparaciones. Cada día de bloqueo, representa pérdidas para agricultores que no pueden trasladar su producción, comerciantes que no reciben insumos y transportistas que ven caer sus ingresos”, explicó.
El antecedente más reciente confirma la gravedad del escenario. Durante el Niño Costero y el ciclón Yaku en 2023, más de 1400 kilómetros de carreteras y 655 puentes resultaron dañados, con pérdidas cercanas a los S/ 2765 millones, según el Ministerio de Economía y Finanzas. El impacto económico fue contundente y evidenció que la reconstrucción resulta mucho más costosa que la prevención.
Especialistas coinciden en que el diseño y mantenimiento de las vías deben considerar el manejo adecuado del agua. Canales laterales, alcantarillas limpias y conductos de evacuación funcionales pueden evitar que la lluvia se acumule y deteriore la estructura. Asimismo, en tramos cercanos a ríos o con pendientes pronunciadas, es fundamental reforzar bordes y estabilizar taludes para impedir que la fuerza del agua arrastre la base de la carretera.