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Publicado el Miercoles, 14 de Octubre del 2026

Cadete del Colegio Militar es víctima del hostigamiento sexual

Escolar habría sido agredido en varias ocasiones y autoridades no comunicaron a las instancias educativas ni de la Fiscalía. Habrían pretendido ocultar lo sucedido.
Abuso sexual contra cadete del Colegio Elías Aguirre

Madre denuncia seis ataques sexuales contra su hijo de 14 años y acusa al plantel de omitir protocolos.

Una profunda y grave crisis institucional, disciplinaria y legal remece los cimientos de la Institución Educativa Pública Militar Elías Aguirre de Chiclayo, tras el destape de un contundente expediente administrativo que expone una escalada de abusos de naturaleza sexual, hostigamiento físico y actos obscenos cometidos de forma reiterada dentro del recinto castrense en agravio de un cadete de catorce años, alumno regular del tercer año de secundaria.

El caso, formalizado mediante un recurso de ampliación de denuncia presentado por la madre del menor ante la Dirección del plantel encabezada por el mando militar, desnuda una preocupante situación de vulnerabilidad, así como un presunto patrón de inacción y desatención a los protocolos de protección integral de la infancia por parte de las autoridades educativas y militares del recinto.

Según los actuados y el relato que consta en el expediente, el adolescente de 14 años fue víctima de al menos seis episodios directos de tocamientos indebidos, asedio y agresión física por parte de compañeros de su misma promoción y de secciones contiguas (entre ellos alumnos del 3.er año), sucesos ocurridos en ambientes de uso común como las duchas, los dormitorios o cuadras, el patio de honor y los espacios destinados a la instrucción física. La documentación precisa que los ataques se iniciaron en el área de baños cuando, en horas de la mañana y mientras el menor se duchaba, un estudiante ingresó al lugar y le sujetó los genitales.

Frente a esta agresión contra su pudor, el cadete reaccionó en defensa propia para repeler el ataque y reportó lo sucedido de forma inmediata al monitor de cuadra (cadete de quinto año); pero, no recibió respuesta ni se activó canal correctivo alguno para protegerlo ni sancionar al agresor.

Lejos de cesar, las conductas de hostigamiento se intensificaron en las semanas posteriores. La denuncia detalla un segundo hecho en el cual otro estudiante le realizó tocamientos indebidos en los glúteos cuando el menor se desplazaba hacia su cuadra, hecho que se repitió al término del recreo al retornar al aula.

Un tercer ataque de extrema gravedad ocurrió en plena formación frente al comedor institucional: en presencia del alumnado y aprovechando la falta de supervisión, un tercer agresor pronunció frases obscenas e introdujo la mano por la fuerza entre las prendas del menor para tocarlo en sus partes íntimas, dándose a la fuga. En una cuarta ocasión, durante una sesión de trote con la compañía de tercer año, un alumno rozó y presionó las nalgas del menor usando unas llaves en la mano. Un quinto suceso se registró dentro de la propia cuadra, donde un quinto involucrado se posicionó a sus espaldas para realizarle actos de connotación sexual (“punteo”).

Ante la sistemática indiferencia de los monitores a cargo —quienes omitieron elevar los partes respectivos a los oficiales superiores—, el cadete se vio obligado a enfrentar en solitario a sus atacantes para defender su honorabilidad y hombría, desatándose forcejeos y grescas físicas.
 
En el último de estos enfrentamientos, tras ser agredido con un golpe en la cabeza por la espalda, la gresca derivada le provocó al menor una lesión en la mano derecha, hecho que requirió evaluación médica e indicación de placas radiográficas, dejándolo imposibilitado de escribir y asistir con normalidad a sus labores académicas.
 

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