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Publicado el Lunes, 06 de Julio del 2026

Conociendo el monstruo de EsSalud por dentro

Cuando hospitalizarse resulta un verdadero martirio.
Cuando el remedio es peor que la enfermedad

Muchas son las quejas de la seguridad social, pero el tener que ser hospitalizado representa un verdadero martirio. La procesión va por dentro de este monstruo que es EsSalud.

Cada día aumentan las quejas de pacientes y sus familiares por la atención que reciben en los hospitales del Seguro Social EsSalud. Las más comunes son la demora en las citas de especialidades, falta de medicamentos, equipos inoperativos para procedimientos por imágenes, carencia de reactivos para exámenes microbiológicos, en fin, una serie de aspectos donde todo está mal.

Pero quien no ha estado en este monstruo por dentro, no sabe la experiencia traumática y deprimente que resulta haber caído enfermo por un mal que requiere hospitalizarse. Es vivir desde adentro todos los males juntos, que hasta llegas a cuestionarte si es mejor seguir enfermo en tu casa o sufriendo dentro de un hospital.

La respuesta es que cualquier lugar es mejor que estar dentro de estas cuatro paredes antiguas de un nosocomio, donde estás solo a tu suerte si es que un familiar no te acompaña, porque eso que las  enfermeras te cuidan es solo una falacia, en el hospital Almanzor Aguinaga Asenjo de EsSalud, las enfermeras solo se dedican a darte los medicamentos vía oral o pincharte hasta que no quede un solo lugar en tus brazos con la dolorosa intravenosa. Fuera de eso, nada más. Han pasado más de  tres meses de esta experiencia que no se le desea ni al peor enemigo, la cual es difícil recordar, porque se escarapela el cuerpo cual si fuera una película de terror, no por los fantasmas que sí existirían en ese lugar (pero sería materia de otro relato), sino por la aterradora atención recibida por el 90 % del personal.

HACINAMIENTO 

Fue la época del calor extremo en pleno verano. Estar en Emergencia durante unos días era encontrarte con el dolor y ver la muerte a tu costado. El trauma fue tan fuerte que esta relatora borró su memoria y no recuerda nada de lo sucedido en cuatro días dentro de estos pasillos.

Sin embargo, la familia sufre un drama aparte, ya que es testigo presencial de como se extingue la vida de personas que están al costado o los reclamos que son muchos en esta área, más aún cuando viene un fiscal o la policía anticorrupción. 
Cuando te trasladan a sala no cambia la cosa, todo siguió mal y hasta peor.

Si bien es cierto, de la Emergencia se ha borrado la memoria, en piso lamentablemente está vivo el recuerdo, desde la horrible comida (de un concesionario cuestionado y que ya todos conocen), hasta la dejadez y el trato despectivo del personal.

Si caes en Medicina Interna tendrás la mala suerte de convertirte en el experimento de médicos de planta, residentes e internos, quienes alargan tu “estadía” en este hotel de cinco estrellas (es broma claro, porque no llegaría ni a una).

Te hablan como si fueras un analfabeto y quieren que digas si acepto a cualquier tratamiento que quieran experimentar contigo. Mientras tanto, te tienen inutilizado.

Las enfermeras están pendientes de sus asuntos, tal es así, que en una ocasión que me llevaron para hacerme una tomografía me dejaron abandonada a mi suerte en ese procedimiento. Cuando terminó, la enfermera de ese servicio visiblemente molesta quería que desocupara de inmediato el ambiente. “Que la venga a llevar quien la trajo”, la que había desaparecido sabe Dios dónde. Así, en silla de ruedas, con la movilidad reducida y sin conocer bien el camino de regreso  mientras la cola inmensa de pacientes observaban atónitos lo que pasaba. Después de un rato se apareció. Una vez más comprendes que a estas enfermeras no les interesas en lo más mínimo.

A REZAR

Al ser derivada a otro departamento, por fin te dejan valerte por tus medios, la atención mejoró un poco, pero te das cuenta que ahí en ese cuarto donde cada persona vive sus males en distinta forma, pero con los mismos deseos de irse de alta, se convierten en tus principales compañeros y alivian esta deprimente experiencia.

A estas alturas llevas más de 15 días en el horror. Y parece que nadie te entiende, mucho menos las personas que deberían cuidarte. Qué les costaba ponerte los medicamentos en horas más adecuadas, no. A las 12:00 o pasadas las 12:00 de la noche venían a poner el antibiótico. Hasta ahí bien, pero no crean que quedaban al pendiente. No, se desaparecían del servicio, seguramente se iban a dormir y tenía que estar despierta 1:00, 1:30, 1:45 a.m. hasta que por fin se acordaban de la vía intravenosa, que de por sí, por tantos  días que llevaban colocándola, provocaba un dolor intenso en mis brazos.

Había médicos amables, te daban confianza, pero otros parecían siempre de mal humor  y con una empatía “espectacular”. Sus visitas daban miedo, hasta te decían que tus males eran incurables y que te quedaba poco tiempo de vida, así sin anestesia, mucho menos tino.
 

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