Por: Antonio PérezBalarezo (Corresponsal escolar 2002 2010 de La Industria en la Educación).
Monte Verde II, en el sur de Chile, puede parecer lejano para un lector de Chiclayo. Pero su importancia toca la historia profunda del continente y de los Andes.
Durante mucho tiempo se pensó que los primeros americanos pertenecían a la cultura Clovis, fechada cerca de 13,000 años antes del presente. A los sitios más antiguos se les llama “preClovis”.
Monte Verde no es el único sitio preClovis, tampoco en Sudamérica. Existen varias evidencias anteriores a Clovis. Su importancia está en otra parte: durante décadas fue uno de los casos mejor estudiados para romper el viejo paradigma.
Su antigüedad, cercana a 14,500 años, mostró que había seres humanos en el extremo sur antes de lo que ese modelo permitía. Si esa fecha cayera, habría que repensar los tiempos y rutas por las que los primeros grupos llegaron a Sudamérica. Por eso importa para el Perú. Paiján y Huaca Prieta, en la costa norte, no son capítulos aislados: forman parte de la pregunta sobre cómo los primeros grupos ocuparon playas, quebradas, valles y montañas.
Una crítica reciente propone que Monte Verde sería más joven, de hace 8,200 a 4,200 años. Pero esa reinterpretación no excavó el contexto original. Sebasó en perfiles cercanos y correlaciones geológicas que no prueban que esas capas equivalgan a la superficie con evidencias humanas. Tampoco se ha demostrado que la capa volcánica usada para rejuvenecer el sitio esté bajo el nivel cultural.
El punto central es simple: en arqueología no basta con parecerse; hay que demostrar. Para cambiar la edad de un sitio así, hay que explicar cómo se formaron sus capas y cómo se conservaron juntos materiales frágiles.
Monte Verde sigue siendo preClovis porque conserva contexto, no solo fechas. Y esa lección vale para el Perú: antes de las huacas y de los sitios monumentales del norte, hubo miles de años de vida humana en costas, quebradas y desiertos. Esa historia temprana merece conocerse y protegerse.