Cultura
Publicado el Jueves, 06 de Febrero del 2020

250 millones de folios atesora el Archivo General de la Nación

En el recorrido se descubre los más singulares hechos de la vida de nuestro Perú

 Recorrer los pasillos del Archivo General de la Nación (AGN), en el antiguo Correo de Lima, es la mejor forma de maravillarse de todo lo que significa la rica y envidiable historia del Perú y la memoria de su evolución, desde la llegada de los españoles a la actualidad. La periodista Azucena Romaní cuenta más al respecto.

A cada paso se puede descubrir los más singulares hechos de la vida de nuestro Perú, de cómo se manejaban los negocios, las disputas judiciales, las herencias familiares y cómo se lograba obtener cargos públicos durante la colonia.

Suena anecdótico contar que Josefa Pastrana, una dama del siglo XVIII, se trenzó en una riña con otra mujer, a la que sindicaba como la amante de su esposo, Pedro Morales. El expediente criminal de ese proceso es uno de los miles que obran en poder del Archivo y que guarda como evidencia nada menos que un mechón de cabellos hallado en el lugar del pleito.

En efecto, a través de la mica transparente que protege los documentos se puede observar un mechón largo y castaño, a cuya propietaria nunca se pudo identificar, pero que permanece allí, preservado como prueba de un juicio que nunca será.

Como ese expediente hay uno más que también guarda la evidencia del cabello y otros que tienen dibujados en una hoja de papel el contorno de una llave que se usó para ingresar a una vivienda ajena y robar o la silueta del arma de fuego que se utilizó en un ataque.

Y también hay diferentes gráficos que corresponden a los árboles genealógicos que los interesados en conocer a sus antepasados mandaban confeccionar, generalmente para demostrar su linaje y que eso le sirviera para acceder a algún cargo público.

Los curiosos pueden encontrar también los planos de las haciendas de propiedad de la Compañía de Jesús, luego que la corona española expulsara a los sacerdotes jesuitas del país el nueve de setiembre del 1767.

Tras la expulsión, el sargento Ramón Arechaga fue el encargado de hacer una tasación de todas las propiedades de los jesuitas, que luego serían subastadas y precisamente esos planos obran en poder del Archivo General de la Nación.

LA SUPREMA JOYA

Pero sin duda, la joya más preciada, la niña de los ojos del Archivo es el Protocolo Ambulante de los Conquistadores, el documento más antiguo del país y que viene a ser una especie de crónica de la llegada de los españoles al inicio de la colonia.

Cuando las misiones de conquistadores recorrían los pueblos iban acompañados de escribanos, una suerte de cronistas que tomaban nota de todo lo que hallaban a su paso y lo plasmaron en el hoy llamado Protocolo Ambulante.

El original de esta pieza histórica está guardado bajo siete llaves porque nadie puede tocarlo ni tomarle fotos, pues es un papel tan antiguo, con más de cinco centurias a cuestas, que puede deteriorarse fácilmente. Lo que se puede mostrar son solo facsímiles de esa joya, que está, literalmente, en “cuidados intensivos”.

En sus 551 folios guardan los hechos más relevantes que vivieron los conquistadores entre los años 1533 y 1538 y que son el testimonio más vívido de lo que fueron los días finales del glorioso incanato a manos de los españoles. Hay información sobre el rescate que pagó Atahualpa, la explotación de los indígenas y otros capítulos de nuestra historia, aunque escrito en letra cortesana, es decir en castellano antiguo y con tinta ferrogálica, elaborada a base de sales de hierro y ácidos de origen vegetal.

A la par del Protocolo Ambulante, existen en el ANG documentos tan valiosos como las libretas del sabio italiano de corazón peruano Antonio Raimondi, con sus anotaciones de investigaciones de sus viajes por nuestro país, sus dibujos y de todos sus descubrimientos en botánica, zoología, geología y otros campos.

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