Internacional
Publicado el Martes, 10 de Diciembre del 2019

La Iglesia tiende puentes entre Macri y Fernández

La Iglesia logró sentar, hombro con hombro, a dos presidentes, Mauricio Macri y Alberto Fernández.
El milagro de Estado de la unidad, la concordia y el respeto se produjo, al menos durante una misa, en Argentina. La Iglesia logró sentar, hombro con hombro, a dos presidentes, Mauricio Macri y Alberto Fernández. El titular de la Conferencia Episcopal, Oscar Egea y el arzobispo de Mercedes Lujan, Jorge Eduardo Scheinig, oficiaron una ceremonia de reconciliación, histórica, con la presencia en primera fila de los ministros de dos Gobiernos (en ejercicio y designado) que, por primera vez en este siglo, se esfuerzan en dar una imagen de normalidad democrática.
 
Faltaba, como era previsible, la expresidenta y vicepresidenta electa, Cristina Fernández. La persona que más separa a los argentinos rechazó la mano tendida por la Iglesia de sumarse a un oficio sin precedente. Algunos de los mensajes pronunciados desde un estrado convertido en púlpito a las puertas de la catedral de Luján parecían dirigidos expresamente a ella. “Cuídense. No se hagan daño, que no haya odio ni pelea” y en tono de ruego, “no caer en la tentación de destruir al otro”, insistió Monseñor Scheinig. El gobernador de la provincia de Buenos Aires y exministro “K”, Axel Kicillof, tampoco aceptó la invitación al oficio religioso pero las palabras que resonaban le tenían, sin duda, a él también como destinatario.
 
Poco más de 48 horas antes del traspaso de poder, Argentina asistió asombrada a lo que puede considerarse el primer intento, en serio, de cerrar la denominada “grieta”, término que resume el abismo entre dos países dentro del mismo país.
 
Dicho de otro modo, la Iglesia intervino, como nunca antes, para cerrar la herida de la crispación y alejar la polarización extrema que enfrenta a la sociedad desde, prácticamente, el discurso de investidura de Néstor Kirchner del 25 de mayo del 2003.
 
La imagen resultaba insólita. Abrazos, sonrisas, guiños y hasta un vaso (parecía limonada) compartió Macri con Juliana Awada y Alberto Fernández. Bajo un sol de justicia la penitencia o el desafío superado por estos y por los ministros de ambos Ejecutivos fue resistir los 30 grados. Gestos importantes y escenas compartidas de dos hombres que se encuentran en los antípodas políticas, marcaron el principio de una historia cuyo desarrollo y final no se presupone demasiado feliz.
 

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