Soy ateo de las encuestas en Chiclayo

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Oscar Jurado F.
Relacionista Público

Los actos políticos en Chiclayo están plagados de acciones antiéticas. Actuar de manera antiética tenga o no tenga consecuencias depende únicamente de la censura y desaprobación de los demás frente a estos actos.

Las encuestas no es un asunto de complejos conceptos y en Chiclayo nos dejan más dudas que certezas, como regla universalmente conocida impresionan a los incautos, cualquier ciudadano elemental puede detectar que estas se preparan a gusto del consumidor, por lo cual están encubiertas de acciones de proselitismo, es decir le asignan una función propagandística, cuya finalidad es secuestrar la opinión a través de la manipulación por parte de los postulantes, cada postulante tiene su encuestadora hecha a su medida; siendo así se está prostituyendo el valor de las encuestas como método de medición científica. Antes los sondeos nos daban la inclinación de las preferencias electorales de forma racional, bastante aproximada y así conocer el estado de ánimo de la población con respecto a las candidaturas, la idea de estos análisis era determinar debilidades, fortalezas de los candidatos; los datos recogidos de la opinión pública servían de alguna forma para corregir errores.

Desde cuando una encuesta entra en campaña política, empieza a funcionar como arma letal, para demostrar que determinado candidato ganaría las elecciones y que nadie es capaz de estorbar ese designio. Los demás, son ninguneados; la encuesta como herramienta científica perdió su pudor; la realización de estos estudios comenzó a servir para tratar de inducir cambios en la preferencia; más aun en épocas electorales donde el dinero corre a raudales es que aparecen las encuestadoras dispuestas a prestar sus servicios carentes en muchos casos de prestigio y experiencia, a cambio de favores oficiales o grandes cantidades de elogios impresos. La credibilidad se perdió en un mercado lleno de baratijas con pretensiones científicas y donde los dueños de las encuestadoras nos muestran sus largas ambiciones económicas y sus cortos valores éticos. Técnicamente sí es posible introducir semánticamente la inducción del voto a través de preguntas y buscando respuestas cuya única justificación es la política.

En Chiclayo la práctica antiética es evidente; cuando comparan a un postulante en especial con la desastrosa gestión del actual alcalde asignando un porcentaje de preferencia de la opinión pública, el mensaje subliminal se está posicionando a un determinado candidato y se está sembrando en la psiquis de la opinión pública la idea del único candidato ganador, es así como se induce el voto ciudadano, aquí la manipulación en su máxima expresión artística.

Otra de las maniobras más comunes es como van evolucionando los postulantes, se les asigna determinado porcentaje de crecimiento, pero estos no evolucionan por las preferencias electorales sino más bien queda a consideración de la encuestadora trazar la ruta de evolución del candidato, es decir favorece a uno y menospreciar al resto de candidatos a tal punto
que dan la idea que son ilustres desconocidos que no llegaran a ninguna parte y nos dice que tal o cual candidato son imparables.

La manipulación siempre será una burda maniobra política en la cual el pueblo no cae en cuenta de que está siendo tratadocomo presa fácil del engaño. Y como el electorado está acostumbrado –al igual que en el deporte– a votar a ganar, se deja encauzar hacia los intereses de un grupo determinado y sin darse cuenta de que lo han convertido en ganado arreado por unos especialistas en manipulación.