Autoridades se van y ¿cómo queda la ciudad?

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Luis Fernando Falla Sayaverdi
Abogado

Nos invade una “ira santa”, el ver pasar los días, acercarse el final de muchas gestiones municipales y constatar que poco o nada se hizo por el desarrollo de nuestras ciudades y tal cual advenedizo que busca desesperados votos, agotan sus “últimos recursos” despilfarrando cientos de miles de soles para parchar y maquillar calles y avenidas que a lo largo de tres años o más no pudieron hacer. Que distinto sería el país de todas las razas, si todos los días se trabajara como si fuera el último de la gestión. La labor del alcalde no debe limitarse a parchar o maquillar sino a pensar en obras de envergadura, que se proyecte a un Chiclayo, Lambayeque y Ferreñafe de aquí a 30 años. Para ello se requieren de autoridades que tengan una idea de lo que es la prospectiva, que piensen no el corto plazo y que conviertan a las ciudades de la Región en verdaderas metrópolis. Hay que soñar en grande para hacer cosas en grande.

Esta preocupación no es de ahora, es una cadena que se arrastra por décadas y se repite año tras año por que aún no cumplimos con nuestro deber de ciudadanos de saber elegir para luego terminar resignados y malhumorados por una labor indeseable. Revisando los viejos anaqueles del Archivo Regional encontré el diario “Ahora”, editado en la ciudad de Chiclayo, en el año 1933, donde aparece publicado un artículo muy elocuente cuyo contenido paso a transcribir literalmente:

“La ciudad antes tan altiva, hospitalaria, generosa y heroica, se encuentra amilanada y humillada por culpa directa de sus hijos, sus malos dirigentes y representantes que nunca supieron heredar, hacerse émulos de aquellos que nos legaron Patria y Libertad… Lamentablemente no tenemos nada que dar cuenta de la vida de Lambayeque durante el año 1933. Lo que ha pasado en este año son cosas que nos avergüenzan, siendo los culpables directos sus representantes comunales. Lo que nos deja cada uno de los municipios son recuerdos imperecederos. Para esos señores nada les importa el delicado cargo que el pueblo a los gobiernos ponen en sus manos: no les importa el comentario público ni la crítica justificada: dejándose notar en ellos la falta de entereza y compostura, siendo el punto que soporta y sufre las consecuencias de los representantes comunales que fueron elegidos o señalados sin su voluntad.

Lambayeque que fue la primera ciudad del Perú que diera el primer grito de Libertad el 27 de diciembre, se le tiene olvidada, abandonada y despojada de su abolengo de otrora”. Que la misma historia no se prolongue en el tiempo y que la población asuma con entereza que parte de la solución de los problemas recae en el ciudadano, cuya “exigencia” debe ser el común denominador del aporte a la relación de coresponsabilidad existente entre sociedad y el Estado. Hay que tomarnos el tiempo de averiguar la vida pública y profesional del postulante, que tan exitoso ha sido a lo largo de su actividad laboral. No podemos estar sorteando el destino de los pueblos a la suerte de gente advenediza. La sociedad debe asumir y reconocer el poder que tiene en sus manos, debe conocer y evaluar propuestas y que no nos vengan con el cuento chino de decenas de ofrecimientos gaseosos e insubsistentes, como el de: “pondremos fin a la inseguridad ciudadana”, “fomentaremos la inclusion social”, que operativicen sus ofrecimientos.